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La afición al fútbol como terapia social

La afición al fútbol como terapia social

Hay veces en las que el fútbol no para ni con el comienzo del verano, y tras un final de temporada (exitoso para equipos españoles en las competiciones europeas), ahora llega el Mundial de Rusia y los aficionados vuelven a soñar. Y es que aunque el fútbol no resuelve los problemas más críticos, sí que en cierto modo se considera una terapia social.

De hecho, no sólo el fútbol sino también otros deportes han demostrado ser capaces de levantar la autoestima de un país entero.

El enorme impacto y efecto del fútbol (así como de otras disciplinas deportivas), se analiza en cinco ideas:

  • El ser seguidor hace que se tenga una sensación de pertenencia a una comunidad. Así, el nuevo aficionado pasa a pertenecer de manera rápida a ese “club” que sigue a una selección o un equipo, y simplemente con ser aficionado y compartirlo con otros seguidores ya se pertenece a ese grupo.
  • Al sentir que se pertenece a la comunidad, tanto el individuo como el grupo sienten bienestar y tienen una identidad.
  • La comunidad también aporta un idioma generacional que es común, de manera que el abuelo habla el mismo lenguaje que el nieto y los padres.
  • Los aficionados, ya sea el propio individuo o el grupo, cuentan con un espacio para expresar sus emociones.
  • Tanto el grupo como el aficionado experimentan como propia la victoria de su selección o su equipo, identificándose con el pensamiento “hemos ganado” y al mismo tiempo sintiendo que “si ellos pueden tener éxito, yo también”.

Desde la psicología de masas, el fútbol es destacado como un fenómeno que es capaz de elevar la autoestima de un país entero, así como aportar un “alma colectiva” que hace que la gente siga adelante pese a los obstáculos y adversidades.

Terapia social
Los seres humanos expresamos permanentemente nuestras emociones, y el fútbol canaliza sentimientos de felicidad, entusiasmo y alegría con los éxitos y, también, desencanto y frustración en el fracaso. Esto hace que sea una especie de terapia social, ya que permite que aprendamos a vivir no sólo los éxitos sino también las derrotas, sintiéndolos y expresándolos.

Además, esa alegría de carácter colectivo favorece la salud emocional porque la mente y el cuerpo se dinamizan, y se activan neurotransmisores y hormonas. Eso hace que cuando nos llevamos una alegría nos sintamos más sanos. También este disfrute colectivo es una buena oportunidad para elevar el ánimo.

Y cuando llegan las derrotas, aprendemos a manejar nuestra frustración y salir adelante.

Por eso el fútbol está considerado como una metáfora de la vida, con sus alegrías y tristezas, sus éxitos y fracasos, cuya magia se encuentra en el hecho de poder superar el fracaso, después tener expectativas, y finalmente soñar con el éxito.

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